Editorial | Por aciar_ruben@yahoo.com

La Argentina al borde del abismo: ¿Puede la solidaridad salvarnos de la indiferencia colectiva?

La crisis en Argentina no solo es económica, sino que refleja un daño profundo en la sensibilidad social. ¿Cómo hemos llegado a normalizar la crueldad y el desprecio entre nosotros? Un análisis sobre la empatía y el respeto en una nación desbordada por la división.

  • 20/05/2026 • 23:28
“Cuando una sociedad pierde la empatía, el ajuste deja de ser económico y se convierte en humano.”

La Argentina atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. No solamente por la crisis económica, el ajuste permanente o la incertidumbre social, sino por algo mucho más profundo y peligroso: el deterioro de la sensibilidad colectiva. Se instaló lentamente una cultura donde el sufrimiento ajeno dejó de conmover y comenzó a transformarse en espectáculo político.

En estos tiempos modernos, la palabra “solidaridad” parece haber sido reemplazada por “competencia”, mientras que la empatía fue arrinconada por discursos cargados de resentimiento y desprecio. Muchos argentinos fueron convencidos de que el problema no está en quienes concentran privilegios, sino en el vecino que necesita ayuda, en el jubilado que reclama medicamentos, en el trabajador que protesta o en el estudiante que defiende la educación pública.

La verdadera herida no pasa únicamente por los números de la economía. Los países pueden recuperarse de las crisis financieras, de las devaluaciones o incluso de las malas administraciones. Lo más difícil de reconstruir es el tejido humano cuando una sociedad comienza a naturalizar la humillación del otro como forma de entretenimiento o revancha.

En nombre de la libertad se sembró división. En nombre del ajuste se justificó el abandono. Y en nombre del cambio muchos terminaron aceptando que la crueldad podía convertirse en método de gobierno y hasta en virtud moral. Ese es el daño más silencioso: una ciudadanía empujada a enfrentarse entre sí mientras los verdaderos problemas estructurales continúan intactos.

Hoy la Argentina necesita mucho más que reformas económicas. Necesita recuperar valores básicos: el respeto, la convivencia, la dignidad y la conciencia de comunidad. Porque ningún país puede salir adelante si transforma al prójimo en enemigo permanente.

La historia demuestra que las naciones crecen cuando entienden que el progreso colectivo vale más que el individualismo feroz. Tal vez todavía estemos a tiempo de recordar que detrás de cada cifra hay personas, detrás de cada ajuste hay familias y detrás de cada insulto político queda una fractura social que tarda años en sanar.

Ruben Aciar

Periodista — Diario La Bisagra