25 de Mayo: La farsa del festejo oficial y la patria en remate El calendario oficial nos convoca, una vez más, a conmemorar la gesta de Mayo. Se desempolvan las escarapelas, se afinan las gargantas para el Himno y los palcos oficiales se llenan de discursos engolados sobre la libertad y la soberanía. Sin embargo, este 25 de mayo no hay lugar para la celebración ingenua. Mientras los gobiernos nacional y provincial montan puestas en escena de un patriotismo de cotillón, la realidad que se vive en las calles de nuestro pueblo desmiente cada palabra pronunciada desde el poder. ¿Qué vigencia tiene el grito de libertad de 1810 cuando las decisiones más cruciales de nuestra economía se toman en oficinas extranjeras? Asistimos a un proceso sistemático de entrega donde los recursos naturales —nuestra tierra, nuestros minerales, nuestra energía— se rifan al mejor postor bajo el eufemismo de "atraer inversiones". No es inversión, es despojo. Es la cesión voluntaria de nuestra soberanía territorial y económica a intereses corporativos globales que nada saben de las necesidades de quienes habitan este suelo. La soberanía no es solo una bandera flameando en un mástil; la soberanía es la capacidad de un pueblo de alimentarse, de tener un trabajo digno y de proyectar un futuro. Hoy, ese derecho fundamental está siendo vulnerado. Bajo la bandera del ajuste y la supuesta eficiencia, se está forzando a las mayorías populares al hambre y a la más absoluta injusticia. La falta de empleo ya no es un indicador estadístico frío; es la angustia diaria de miles de familias que ven cerrarse las persianas de las industrias y los comercios. Es la violencia silenciosa de no poder garantizar el plato de comida en la mesa, en un país que produce alimentos para cientos de millones pero donde el acceso a la canasta básica se ha vuelto un privilegio inalcanzable para los trabajadores y los sectores más postergados. Tanto la administración nacional, con su dogmatismo de mercado que desprecia el bienestar social, como la gestión provincial, por complicidad o por incapacidad de blindar a sus ciudadanos ante el avasallamiento, son responsables de este escenario. La inacción ante el sufrimiento popular y la facilitación del saqueo los coloca en las antípodas de aquellos hombres y mujeres que en 1810 desafiaron a un imperio para fundar una nación libre. No se puede celebrar la patria mientras se entrega su futuro. Desde este espacio sostenemos que el mejor homenaje a la Revolución de Mayo no se hace en los desfiles oficiales ni en los cócteles de la política. El verdadero sentido de la fecha se recupera en la organización popular, en la solidaridad de los comedores que resisten el abandono estatal, en el reclamo por tierra, techo y trabajo, y en la defensa irrestricta de lo que nos pertenece. Que este 25 de mayo no sea el aniversario de una foto vieja, sino un recordatorio urgente: la patria no se vende, se defiende. Y un pueblo con hambre y sin trabajo tiene el legítimo derecho —e incluso la obligación histórica— de volver a exigir saber de qué se trata. **Rubén Aciar** *Diario La Bisagra*