Opinión: El silencio de las convicciones ¿Dónde quedaron los intermediarios del reclamo? En los momentos de mayor asfixia económica, cuando la vulnerabilidad social deja de ser una estadística de consultora y se convierte en el plato vacío de miles de familias, el paisaje urbano y social muestra una mutación desconcertante. El ruido ensordecedor de las marchas, los bombos y las banderas que solían copar las calles de punta a punta del país exigiendo sustento, empleo y dignidad, ha dado paso a un silencio sepulcral. Hoy, la pregunta que recorre los barrios y se instala en la mesa de los laburantes es tan simple como incómoda: **¿Dónde están?** ¿Dónde quedaron aquellas agrupaciones que se autoproclamaban la voz de los desposeídos? ¿Dónde se esconden los punteros políticos que antes movilizaban multitudes bajo la promesa de defender los derechos de los más golpeados? La quietud actual desarma cualquier relato de resistencia espontánea y nos obliga a mirar de frente una sospecha incómoda que hoy se transforma en certeza para muchos. Da la dolorosa impresión de que la urgencia de la gente solo cotiza en bolsa cuando conviene a las estructuras de poder. La desaparición de estos actores del espacio público justo cuando la necesidad aprieta con más fuerza enciende las alarmas éticas de nuestra sociedad. ¿Qué pasó? ¿Se llenaron las billeteras y se vaciaron las agendas? ¿O es que el motor del reclamo nunca fue la convicción, sino la caja que lo financiaba? Esta realidad nos plantea un dilema ético profundo sobre la naturaleza de la militancia social en nuestro país:  * **¿La idea o el presupuesto?** Si el reclamo social se apaga cuando se corta el grifo estatal, queda en evidencia que no se defendían ideales, sino un modelo de negocios basado en la administración de la pobreza.  * **La gente como decorado:** Utilizar la necesidad ajena para presionar por intereses corporativos o partidarios, y luego abandonar el territorio cuando las condiciones cambian, es una de las mayores estafas morales de la política contemporánea. La vulnerabilidad actual de los argentinos no es un bache temporal; es una realidad diaria que exige respuestas. Pero mientras el pueblo sigue esperando soluciones reales y genuinas, el repliegue de los "profesionales de la protesta" deja al descubierto su verdadera esencia. Si las convicciones solo marchan cuando hay presupuesto, entonces nunca fueron convicciones. Fueron, simplemente, una transacción comercial a costa de la esperanza de los que menos tienen. El silencio de hoy los expone más que cualquier discurso.. Redacion Diario La Bisagra.