Kicillof, entre la interna peronista y la búsqueda de un nuevo liderazgo Editorial — Por Rubén Aciar, periodista La política argentina vuelve a mostrar una escena conocida: mientras el gobierno de Javier Milei concentra buena parte de la agenda nacional, el peronismo intenta definir quién será capaz de reconstruir una alternativa política con posibilidades reales de disputar el poder. En ese escenario aparece con mayor protagonismo Axel Kicillof. Su reciente reunión con Sergio Massa y Máximo Kirchner, en la que tomó fuerza la posibilidad de una PASO presidencial dentro del peronismo, no parece ser un movimiento menor. Es, más bien, una señal de que una parte del espacio busca abandonar las viejas disputas de nombres para trasladar la discusión al terreno de la representación electoral. El viaje de Kicillof a Montevideo y su encuentro con el presidente uruguayo Yamandú Orsi también tienen una lectura política. Más allá de los acuerdos institucionales firmados entre la provincia de Buenos Aires y organismos uruguayos, el gobernador bonaerense busca mostrarse como un dirigente con mirada regional, capaz de discutir no solamente los problemas internos de la Argentina sino también el lugar del país en América Latina. Su crítica a Javier Milei por la política exterior y, particularmente, por sus declaraciones durante su visita a Brasil, forma parte de esa estrategia. Kicillof sostiene que la diplomacia presidencial debe cuidar los vínculos con países vecinos y evitar que las diferencias ideológicas terminen perjudicando los intereses argentinos. Aquí aparece un punto que merece una mirada objetiva. Argentina necesita recuperar relaciones internacionales previsibles y basadas en intereses nacionales. Pero también necesita que la política exterior no se transforme en otro escenario de la grieta. Ni Milei debería convertir cada vínculo internacional en una batalla ideológica, ni la oposición debería utilizar cada desacuerdo diplomático únicamente como herramienta electoral. El problema de fondo es otro: ¿quién puede construir una alternativa política que supere la lógica de la confrontación permanente? Kicillof tiene una oportunidad, pero también enfrenta una enorme responsabilidad. Ser gobernador de la provincia más poblada del país le otorga peso político, pero no garantiza liderazgo nacional. Para convertirse en una verdadera alternativa deberá demostrar capacidad de gestión, ampliar su base electoral y, fundamentalmente, convencer a sectores que hoy no se sienten representados ni por el kirchnerismo tradicional ni por el gobierno de Milei. La idea de una PASO puede ser saludable si sirve para ordenar democráticamente las diferencias dentro del peronismo. Pero una interna no debería convertirse nuevamente en una guerra entre dirigentes. El desafío es construir un proyecto y después encontrar quién tiene mejores condiciones para representarlo. El peronismo tiene por delante una tarea mucho más profunda que elegir un candidato: debe preguntarse qué sociedad quiere ofrecerle a los argentinos. Del otro lado, el gobierno de Milei también debería tomar nota. Una oposición que se reorganiza democráticamente puede convertirse en una alternativa competitiva. La democracia necesita oficialismos fuertes, pero también oposiciones capaces de controlar, proponer y eventualmente gobernar. El encuentro de Kicillof con Orsi puede leerse, entonces, como una fotografía política de un proceso mucho más amplio. El gobernador bonaerense intenta ocupar un espacio que todavía está vacío: el de un liderazgo opositor con proyección nacional. El tiempo dirá si consigue consolidarlo. Por ahora, la política argentina vuelve a estar en movimiento. Y mientras algunos dirigentes todavía discuten quién tiene la llave del peronismo, la sociedad espera algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: que la política vuelva a ofrecer soluciones concretas a los problemas cotidianos de la gente.  Diario La Bisagra